La resistencia a la globalizacion capitalista neoliberal, al poder desmesurado de las multinacionales y mercados financieros, a las decisiones autoritarias e inapelables del FMI y la OMC ha tomado la forma, desde Seattle (1999), de un amplio movimiento social a escala planetaria, dentro del cual se organiza, poco a poco, la globalización de las solidaridades.
Este movimiento se distingue de diversas manifestaciones "antiglobalización" de carácter retrógrado, fundamentalista, nacionalista, xenófobo o intolerante, de naturaleza étnica o religiosa –de las cuales el atentado terrorista a las Torres Gemelas en Nueva York (11 de septiembre 2001) es el ejemplo más espectacular– por su carácter indiscutiblemente universalista.
Este movimiento no es "antiglobalista" en abstracto: se opone a la forma –capitalista y liberal– que hoy adopta, es decir a la globalización empresarial con su cortejo de injusticias y catástrofes: desigualdades crecientes entre el Norte y el Sur, desempleo, exclusión social, destrucción del medio ambiente, guerras imperialistas. Y su objetivo no está enfocado en la nación, la etnia, la tribu o la comunidad religiosa, sino en otra globalización.
Más que "antiglobalización", el movimiento es alterglobalización, por utilizar un neologismo que empieza ya a circular. Las solidaridades que nacen al interior de esta amplia red son de un nuevo tipo, un tanto distintas a las que caracterizaron las movilizaciones de los sesenta y setenta.
La nueva característica del movimiento de resistencia global a la globalización capitalista es el combate por objetivos inmediatos comunes a todos –por ejemplo, la gravación del capital especulativo, la abolición de los paraísos fiscales, hacer fracasar a la OMC, la moratoria a los organismos genéticamente modificados, la igualdad de salarios para las mujeres– y la común búsqueda de nuevos paradigmas de civilización.
En otros términos: más que una solidaridad con, es una solidaridad entre diversas organizaciones, movimientos sociales o fuerzas políticas en diferentes países o continentes, que se ayudan y se asocian en una misma lucha, frente a un enemigo planetario.
Para dar un ejemplo: la red campesina internacional Vía Campesina agrupa movimientos tan diversos como la Confederación Campesina Francesa, el Movimiento de los Sin Tierra de Brasil o asociaciones rurales de India. Estas organizaciones se sostienen mutuamente, intercambian sus experiencias, y actúan en conjunto contra los políticos neoliberales y contra sus adversarios comunes: las multinacionales biotecnológicas, los monopolios de granos, los fabricantes de transgénicos, los grandes terratenientes. Su solidaridad es recíproca y juntos constituyen uno de los más poderosos, activos e inquietos componentes del movimiento mundial contra la globalización capitalista.