Respecto a lo preparado para el Taller de Redes. Pensamos que hay algunas cosas que, hoy, cualquiera que aborde el tema de la violencia puede y debe tener en cartera – a modo de reserva – en su contribución a una superación de aquella. No hago más que apuntar algunas cosas que demandan su propio desarrollo:

a).- El giro ético (realmente copernicano) que, acerca de la violencia (guerra justa) se ha operado, por razones fáciles de percibir y comprender, fundamentalmente desde la Gran Guerra hasta aquí. Prácticamente desde S. Agustín y Sto. Tomás de Aquino no había habido ningún avance. Pero las expresiones actuales de confrontación violenta adquieren unas connotaciones y tienen unos efectos que echan por tierra las éticas justificativas dominantes y ponen en evidencia la radical inhumanidad de aquellas. Un apéndice no menor de este apartado haría referencia a la incompatibilidad entre religión y violencia. Y a las falacias que al respecto pueda presentar la modernidad se pueden contraponer los excesos de las revoluciones ‘ilustradas’, no para justificar a la religión, sino para buscar las justificaciones de la violencia en otros factores.

b).-Se precisa un mejor abordaje que el habido entre nosotros del binomio “normalización- reconciliación”, sin confusionismos, ni reduccionismos de la una a la otra, ni separaciones. La segunda es mística y horizonte de la primera – la verdadera y plena normalización la supone –, pero no se reduce a ella ni se define por ella. Esto hoy aquí no está claro y es bueno clarificar. Y no habrá reconciliación sin ‘alguna forma o expresión’ de perdón pedido y otorgado (a sabiendas de que el perdón ni se exige ni se impone, de que es un incondicional – para quien lo otorga – condicionado – en quien lo recibe –…). Existen maneras diversas y equivalentes de perdón donado y recibido: expresiones autocríticas, aproximación a las víctimas, voluntad de estas de posibilitar y facilitar la reintegración, etc. Otro apéndice: el prejuicio de que se trata de un concepto religioso (el de perdón: recordar que el concepto civil de amnistía lo implicaba; una amnistía, por cierto, hoy justamente inaceptable por lo que supondría de impunidad…).

c).- Creo que ha habido una indebida ampliación de la incidencia social y política de las víctimas. Toda víctima es tal por lo totalmente injusto e injustificable de la violencia sufrida. En este sentido toda víctima, como tal víctima, es inocente. Lo es de la violencia sufrida. Pero ninguna víctima es sólo víctima. Es persona, con todas sus implicaciones y consecuencias, y es ciudadano o ciudadana con sus derechos, deberes y responsabilidades en relación con el bienestar general. Y por eso conviene añadir y explicitar: * que no se puede extender indebidamente el concepto de inocencia y ** que desde posturas de ‘inocencia absoluta’ no se puede contribuir a la convivencia ni afianzarla. Por acción u omisión nadie es pura y absolutamente inocente. En una u otra medida todos contribuimos a crear contextos o caldos de cultivo que propician o menguan e impiden la violencia. En esta línea un pequeño apéndice: En el excelente esquema y gráfico que incorporáis cabe insertar perfectamente, por ejemplo, la tríada a la que solía hacer referencia Helder Cámara: violencia institucionalizada / violencia reactiva /violencia represiva…

APORTACIÓN: COMUNIDAD ERMITAGAÑA DE PAMPLONA