La sociedad laica en la que vivimos no es enemiga de la fe. Mas bien al contrario, parece una oportunidad histórica para renovar los fundamentos de nuestras creencias y purificar nuestra forma de relacionarnos con lo trascendente.

La laicidad consiste en aceptar la pluralidad de nuestra realidad social y luchar contra los privilegios (tambien politicos y economicos) de unas creencias sobre otras; pero, además, la laicidad toca el corazón y la esencia de nuestra espiritualidad. Nos ayuda a despegarnos de nuestros sueños de un Dios absoluto y omnipotente, y nos abre el camino a un Dios-en-relación, un Dios que habla desde lo humilde. Ese es el único Dios que podría caber en una sociedad laica.

Para este debate debemos estar con el espíritu abierto y las orejas atentas. No es suficiente tener grandes convicciones, tambien hay que saber escuchar y, en su caso, tener el coraje de poner en cuestión algunas creencias propias. El diálogo con la sociedad laica es el equivalente, en nuestras sociedades europeas, al diálogo interreligioso que se desarrolla en otros continentes. Nos obliga a bajar nuestras murallas defensivas y a extender la mano a los que no son como nosotros.

La espiritualidad laica nos invita también a encontrar a Dios en la vida cotidiana, en los ámbitos que han estado tradicionalmente alejados de aquello considerado sagrado. Y también en aquellas heridas de nuestro corazón y de nuestras sociedades, en nuestros instintos reprimidos y en los pozos de la exclusión. Aparece así una invitación a una nueva forma de entender lo sagrado, y a mirar toda la realidad con nuevos ojos.

Por último, la espiritualidad laica pretende seguir la herencia de lo que se ha dado en conocer como ‘teologias de la liberación’. No podría ser de otra forma. Esta espiritualidad se interesa por el mundo y la realidad, se interesa por la accion salvifíca y liberadora de Dios en las personas y las sociedades concretas, y se interesa por el punto de vista de los pobres y de aquello que esta abajo o en las cunetas. Sin embargo, no es una teología, no es un razonamiento ni una estructura académica, sino una experiencia personal y comunitaria.

Bajo este titulo de espiritualidad laica (de la liberación) desarrollaremos este taller al que os invitamos, para debatir y hablar de todas estas cosas. Os esperamos.

Responsable del taller: Borja Aguirre, colectivo Gunea